




A continuación, una crónica de las vivencias navideñas desde BCN, que terminaron recién el 6 de enero, con la fiesta de Reyes. Cumpliendo con la promesa de contarles la parte más entretenida de estas semanas.
Los preparativos navideños comenzaron cuando me comprometí a enseñarle a Blanca a hacer galletas de miel, a principios de diciembre. Ese es el único ritual navideño que mantengo con mi familia: todos los años un kilo de miel, un kilo de harina y un día completo metida en la cocina de mi mamá haciendo estrellitas, bastoncitos, angelitos ... (les gustaría verme en plan señorita de su casa, ah? No les daré el gusto ...). Cuando había estado en NY ya me había tocado el día del año, así que con Blanca más bien me dediqué a la transferencia de contenidos y me pagó la clase con un tarro de galletas que me duró dos días. Es que me encanta la miel! Unas semanas después me puse a experimentar haciendo galletas de avena. En principio iba a prepararlas como un regalo para mis compañeritas de casa, pero quedaron tan desastrosamente duras que me las tuve que comer sola. Estas sí que me duraron semanas ...
La semana de la navidad hubo eventos varios. El lunes 19 hubo una misa en la capilla (claro, como castillo que se precie, este también tiene una), con una degustación de cava y turrones después. Así que le pedí a Blanca que subiera a avisarme cuando terminara la misa para llegar a la parte entretenida del asunto. Teníamos más expectativas con los turrones (Blanca se había propuesto probarlos todos en estas fechas) pero los que probamos estaban buenos. También el champagne. Yo, para variar, me marié con las tres copitas que me tomé ... no se puede ser tan guat'epájaro!
Días antes había aparecido Ceci pidiéndonos si podíamos hacer una presentación musical en el centro de día donde estaba haciendo el documental para su master. Se nos ocurrieron algunas cosas, pero nos daba miedo que después nos pidieran volver a ir ... pero como pacientes. Así que buscando el consenso en torno a una canción que nos gustara, que varias se supieran la letra y que yo pudiera tocar en la guitarra, acabé cantando yo sola. Pero Como nuevamente habría turrones, me dejé seducir por la idea, a pesar del riesgo de que quisieran dejarnos allá. Estuvo entretenido todo: era un acto de navidad que los pacientes presentaban para sus familias (poesía, chistes, villancicos) y que en esta ocasión incluyó también la presentación del trabajo de taller audiovisual que habían hecho con algunos pacientes Ceci y otras personas del master. Y a la gata cantando. Menos mal que no me salió ningún gallito ni se me olvidó la letra si se me enredaron los dedos en la guitarra. Hace tiempo que no cantaba en público y sola. Y después nos fuimos a probar todo lo que había en las mesas: cava, turrones, gambas, jamones, quesos, frutos secos, polvorones (que no tienen nada que ver con sexo, para que no se malentienda...). Todo muy rico. Después ese mismo día era aquí en la casa la cena con las mamás, donde comimos unos pollos rellenos de ciruelas y orejones de lo más deliciosos. Canté otro poco y después a intentar dormir con el estómago a punto de reventar.
Esto fue el miércoles. El viernes fui al Antilla, como corresponde. Ya me volví adicta otra vez. Ese día fuimos con César a chequear el dato del bar donde nos podían dar pases gratis, asi que ya encontramos la mano para no quedarnos en la bancarrota con el vicio. La noche de Navidad la pasamos en casa solas con Blanca. El resto de las chicas andaba fuera de Barcelona, con sus familias o con amigos. Yo al principio iba a ir a una cena con César, pero se me echó la yegua y después me dió paja bajar. Es que la Navidad es MUY FOME. De puro pensar en ella me dan ganas de dormir. Así que estábamos en el living Blanca y yo cuando subió la trabajadora a entregarle la guardia a Blanca y traía unas botellas de champagne, unos turrones, unas galletas y una caja de cuchuflís (sí, aquí hay cuchuflís! Los mojan en la cava para comérselos, pero no se el nombre que le dan). Blanca se puso un rato a empaquetar los regalos del día de reyes para las mamás, que nos habían pedido como favor. Como no había más opción, abrimos una de las botellas con Blanca, los turrones, los cuchuflís ... y las burbujas se nos fueron rápidamente a la cabeza. A las 10 de la noche intenté llamar a Chile pero fue imposible, así que llamé a NY y estuvimos hablando con Nicolás como dos horas, de su papá, del mío, de Thompson y la Miseria de la Teoría, de las elecciones en Chile, de Alameda 2, de Bloomberg y la huelga, mientras él trataba de afeitarse y lavar la ropa, entre sus llamadas para acá y mis llamadas para allá. Ya como a la 1 me fui a acostar porque el otro día quería ir a Montserrat. Pero cuando llegué a la estación había un cartel que decía que los trenes no estaban corriendo ¡por Navidad! (ahora pueden entender por qué me gustó la pelicula de Tim Burton...). Así que como estaba en la plaza España y el día estaba soleado y luminoso, me fuí para el Montjuic, que no lo había recorrido todavía.
Para el 28 habíamos quedado con José Manuel de hacer un paseo. El es mi amigui español que baila salsa (si, existen!). Fuimos a Tarragona, que es una ciudad con restos romanos y medievales que está a la orilla del mar, como a una hora de barcelona. Ese paseo también estuvo lindo.
Y el jueves vinieron mis dos regalos navideños. Digamos que yo había calculado sólo uno: mi carnet de extranjera residente (al fin, despues de tres meses de hueveo), pero no contaba con un regalo un poco más desagradable y sorpresivo. Cuando bajaba en bicicleta por Vía Augusta a buscar mi carnet un chuchesumare me atropelló una patita (la izquierda más encima) mientras esperaba la luz en un semáforo. La culpa la tuvo el estúpido que iba antes que yo y que no dobló cuando había que doblar. Entonces el que venía detrás quería alcanzar a doblar en el suspiro que queda entre el rojo que le tocaba a él y el verde que le tocaba a los que venía rajados por una bajada que hace cruce con la Vía. Y yo por prudente paro y el cabrón que me pasa la rueda por encima del empeine. P'ta que me dolió la hueá! Y más encima el estúpido para para retarme y decirme que él estaba en la razón (Yaaaa, flor de razonamiento doblar cuando vienen los de la otra calle!!!). Por suerte otra persona que vió todo lo empezó a increpar por ser tan descuidado. Porque a mí entre que me dolía la pata y me había asustado, no me salieron las puteadas que podría haberle dicho y que después se me venían a la cabeza (te están poniendo los cuernos que vai tan apurao, cabrón! Cómo podís ser tan amermelao, sac'ehueas!) En fin...). Pero no pues, para mi pesar me comporté como una lady, tratando de razonar con él, aunque finalmente no se pudo. Y mientras bajaba con mi patita herida en lo único que pensaba era en que ¡el viernes no iba a poder ir a bailar!, asi que aprovechaba de ir haciendo ejercicios con la pata moviéndola para adelante y para atrás y me tocaba de rato en rato para ver cómo avanzaba la inflamación, si tenía sangre, etcétera. Y es que estoy desagradabledemente sorprendida con la manera en que conduce la gente aquí. Todo el mundo es super winner y ni se fijan si hay un ciclista. Todo sea por pasar a los otros. Todavía no me compro mi casco, pero así como van las cosas, parece que también voy a tener que comprarme zapatos con púas, rodilleras y coderas.
Y fuí a buscar el famoso carnet. No hubo problemas. Y después fui a cortarme el pelo, que por cierto aquí se me está cayendo a montones. Parece que el agua es muy dura y aunque uso de esos champues especiales, igual creo que me estoy quedando pelada. Ya después de vuelta a la casa, le conté a mi esposita que me habían atropellado, solté un snif que traía guardado en la garganta y me saqué los zapatos para ver el cuerpo del delito: tenía una bola sobre el empeine, un rasguño a lo largo del tobillo por un lado y todas las venas bien pronunciadas por el otro lado, con un hoyo entre medio que me dolía mucho cuando lo apretaba. Qué tal? Josefina me puso la pata en una fuente con sal y agua caliente. Después me hice unos masajes con una crema milagrosa que me traje de Chile, de esas que venden los yerbateros y que curan todos los reumas y que se la robé a mis papás (ups!). Pero igual me costaba caminar, así que antes de acostarme volví a hacer todo el ritual y cual no fue mi sorpresa cuando al otro día por la mañana ¡ya estaba lista para el dancing! La bola había desaparecido, sólo quedaba una mancha roja y lo de las venas me seguía doliendo hasta hace unos días, pero era mucho más soportable. Así que el 30 para despedir este año tan intenso, viajado, solitario y delirante, fuimos con César y Josefina al Antilla. Intentamos hacer el truco del bar, pero salimos para atrás porque ese día no estaban dando pases... Buh! Pero lo pasamos muy bien y nos quedamos hasta el final, cuando prendieron las luces (ah! Eso me encanta!). Y todo eso tenía una causa justa y noble. Porque como cuando lo de Amira yo pensaba que no me toque, que no me toque, yo crucé los dedos para que no me tocara la guardia la noche del 31, pero ¿adivinan? Me tocó! Y con lo que me gusta a mí disfrutar la noche de año nuevo! Así que andaba todos los días cabiztiva y pensabaja intentando algo para no pasar las 12 de la noche aquí, encerrada y sola. Porque ahora si que no se iba a quedar nadie más en la casa. Pero no hubo caso. Josefina me dijo que ella podía pasar las 12 conmigo y después se iba a una fiesta y le dije que bueno, así que nos preparamos para la llegada del nuevo año recogiendo rituales de por aquí y por allá: que los calzones rojos, que las 12 uvas, que la plata en el bolsillo. Así que cuando faltaban como 10 minutos para las 12, subimos a la azotea del castillo bien arregladas y abrigadas con el computador como equipo de música, con la otra botella de cava que quedaba de la navidad, con unos polvorones que yo había recuperado de por ahí, con unas velas, unas sillas, inciensos y un quemador con aceite de rosas. Dieron las 12, nos dimos el abrazo, vimos unos fuegos artificiales a lo lejos, comimos, tomamos, bailamos, hablamos y hasta sacamos unas poquitas lágrimas, hasta que como a las 2 de la mañana nos dio frió y sueño. A esa hora, Jose ya había desistido de salir, así que nos fuimos a acostar. Al otro día salí en bicicleta a tomar luz y sol, me llamó Marabolini y yo llamé a la chascona, recordando que el año nuevo anterior lo habíamos pasado juntas y revisábamos cuántas cosas habían cambiado en estos 365 días. Me contó que había estado celebrando con MIS AMIGAS (Hey, no me olviden!), que después había ido a la Maestra y se había mandado unos dancing en mi nombre.
Después de todos estos eventos, quedaba todavía el más importante, al menos aquí en España que es la fiesta de Reyes, el 6 de enero. Ese día se celebra más que la navidad. Se hacen desfiles -la Cabalgata de Reyes- desde las ciudades más grandes a los pueblos más pequeños. La Cabalgata es la víspera del 6, después se come roscón y al otro día se ven los regalos. Yo ya había estado en una cabalgata en Madrid y en otra en Granada, pero tengo que reconocer que ésta en Barcelona ha sido la MEJOR que he visto. La más creativa y mejor producida. Aunque no dejó de generarme esos pensamientos oblicuos tan propios de mi devenir de chica borderline. Y claro, porque mientras veía los carros con motivos árabes y africanos -camellos, elefantes, una comparsa de tambores, el camión con el Rey Baltasar, el más querido por los niños- pensaba otra vez en Bajhtin; particularmente en su idea del carnaval como una subversión del orden. Y entonces la exhaltación y valorización de esos símbolos durante la cabalgata me cuadraba perfectamente con esa mezcla de temor y rechazo que cotidianamente le provocan a esta sociedad los árabes (hay algunos que todavía los llaman moros!) y también los africanos de más abajo, los negros. Una sobreinterpretación? soy demasiado pegada? No lo sé, pero es la idea que irrumpió en mi cabeza, mientras estaba ahí sacando fotos. Quise probar el roscón de reyes, que es una especie de pastel relleno, pero los que encontré eran muy caros para mis finanzas, así que me vine de vuelta a la casa. Jose había ido conmigo pero no alcanzó a ver nada porque empezó a trabajar en una pizzería y le tocaba turno. Y el 6 por la mañana me desperté con la voz de Ceci en la pieza. Estaba pidiéndole su cámara a Jose.
Resulta que Sabrina y Cecilia se comprometieron a hacer de Reyes Magos para entregarle sus regalos a los niños y niñas del hogar. Josefina hizo de fotógrafa oficial. Sus fotos me hicieron reír mucho. No eran reyes, sino Rechyes (no venían de Oriente, sino de la Argentina) y uno de ellos con piercing en la nariz incluido! Menos mal que los niños son chiquitos, porque o si no habrían comenzado a hacer más preguntas de la cuenta. Y a nosotros también nos llegaron regalitos, aunque hubiésemos preferido los paraguas de las mamás...
Finalmente, el 6 por la noche -obvio más que obvio- dí por terminado el ciclo de festividades navideñas en el ... ¡¡¡ANTILLA!!! Y cada vez somos más, porque ahora fuí con Liz y Josefina. De a poco voy enredando al castillo en la perdición.
2 comentarios:
Hola Chiara, soy Coke, qué heavy las aventuras! Eso de la caída del pelo por el agua... y lo de la pata, te mejoraste?
Hola Coke. La pata ya esta ok, gracias. Lo que me quedo marcado donde habia un hoyo fue el pedal que se me enterro en el tobillo. Si lo aprieto duele, pero trato de
no pescarlo mucho.
Ch.
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