16.2.06

Despedida de soltera y bienvenida de casada

El viernes pasado fue la despedida de soltera de mi amiga Pati. El viernes de la próxima semana es el matrimonio. Supe por correo electrónico del programa de la despedida y de las dificultades para juntar a las chicas entremedio de los ires y venires de un febrero vacacional en chilito. La Yoci nos pidio que escribiéramos algo sobre qué habíamos aprendido de la Pati y también darle algunos sex-consejos. Yo fui más bien escueta porque lo más trascendente que había aprendído de ella era simple, pero al mismo tiempo determinante: ella me había introducido en la Maestra. Ni más, ni menos. Tampoco di muchos consejos: el de los polvos mágicos ya lo sabían la mayoría de las invitadas que ya habían ido el año pasado a la despedida de la Yoci, así que en esta ocasión me fuí más bien por el lado culinario, proponiendo combinaciones que por sí solas me parecen orgásmicos.

El otro día hablamos con Daniel y la Carola que están en París (viva skype!) y entre lamentos por no poder ir al matrimonio veíamos que el lado amable era que no ibamos a tener que gastar plata en el regalo. Pero de todos modos me quedo con gusto a poco desde la distancia. Desde mi castillo, quisiera hacer un homenaje a mi amiga por lo importante que fue su presencia en un momento complejo de mi vida.

¿Te acuerdas, querida, de ese 18, cuando te llamé por teléfono para poder irme a tu casa? En ese tiempo no eramos muy amigas, estábamos mediadas por otras circunstancias, pero estaba tan aislada del mundo que eras la única mujer con la que pensé que podía contar. Y nada, llegué a su casa -tuya, de la Yoci y la Bárbara, en tránsito a BCN-, con una mochila y sin ganas de hablar. Recuerdo ese viaje agonístico a Valparaíso ese mismo día, paseando por los cerros de noche, comiendo chorrillanas en el Jota Cruz y brindando por unas extrañas solterías. Luego en Horcón a la mañana siguiente, en la playa, tomando sol y comiendo algo rico que nos hiciera pasar las penas.

Las piezas cuadraron de manera magistral. La Bárbara se iba, quedaba una pieza y llegaba yo. Por ahora, la casa seguía armada. El microclima de José Tomás Rider seguía intacto. Hubo algunas invitaciones tuyas a la Maestra que no prosperaron en mí. Entre la tristeza y el trabajo de tesina en el que me metí para ahuyentarla, no había espacio para más. O no quería más. Hasta que un domingo me animé a acompañarte a bailar con los mangostitos. Me imagino que te acuerdas que hablamos de esa cosa rara que era dejarse llevar y que iba en contra de toda nuestra socialización izquierdoso-feminista, a la que también terminamos dándole una vuelta de tuerca con el tiempo.

Empecé a conocer canciones y cantantes nuevos, pero que se me hicieron familiares prontamente. Gitana, Caballo Viejo y Ella tiene un no se qué (diabólica, imperfecta, coqueta, eres mi receta) fueron parte del principio. Después vino redescubrir a Rubén Blades, conocer la salsa colombiana, la gente de la Fania y mucho más. Y ahí empezó también la adicción: ibamos todos los fines de semana con la Yoci (cuando no la secuestraba Cantero, que ya se había salvado de pasar a la otra vida) o solas. Pero era una locura. A veces eran las 2 de la mañana en un cumpleaños o en una cena y en lo único que pensábamos era en ir a bailar. Me acuerdo de tu perfume histérico con sabor a chocolate y de mis botas color cereza, con las que salíamos a botar monitos. Y ese fin de año cuando se armó la pelea en la fiesta de los mangostos conmigo entremedio y después llegando a la casa a las 7 de la mañana y luego partir al otro día a Sevilla, sin dormir. Cuánta energía tuvimos que gastar en ese tiempo para derrotar las penas!

Y nuestro encuentro en Sevilla ... ¿te acuerdas que llegaste para mi cumpleaños y que mientras te esperaba en la estación me vino una alergia rara en todo el cuerpo y me tuve que ir a acostar? Pero igual estuvimos juntas unos días, ya empezando a tomar decisiones sobre la vuelta a Chile: asuntos que terminar, entre ellos desarmar nuestra casa y desarrollar proyectos vitales por separado.

Y vino la vuelta. La Yoci y Cantero ya se habían ido a vivir juntos y en dos meses tuvimos que hacer los cambios entre nosotras. Pero amiga, en este momento en que se acerca tu matrimonio, es preciso dejar constancia que este hito en tu vida no hubiera sido posible sin la intervención de la Yoci y mía: ella fue la que llevó a Xavier a la fiesta de inauguración de mi nuevo departamento!

Luego vino el viaje de ustedes a París y ahora el mío a Barcelona. Recuerdo la noche de mi despedida, en la Maestra -para variar-, cuando me dijiste que te ibas a casar y yo puse cara de nada. Cuando Rodrigo me reclamó tiempo después por estar tan taciturna esa noche (una forma de defensa, quizás) me dí cuenta que había sido tan torpe contigo y te pedí disculpas. Es que me costó asimilarlo: me siento un poco hermana, un poco mamá, un poco hija tuya y ahora que vas a armar tu familia busco protegerte y protegerme.

Pero amiga mía, quiero que sepas que a pesar de mis pequeñas mezquindades te deseo mucha felicidad, mucha alegría, mucha paciencia y mucho coraje para este proyecto compartido que vas a emprender. Y gracias por todo el tiempo que hemos compartido, por las risas, las tristezas, las aventuras, las conversas profundas y las superficiales, tus comidas con hartos condimentos, tu voz ronca de gatita sobona, las coreografías de Laura Canoura con plumas incluidas, tus momentos de locura y tus momentos de claridad. Porque, además de la Maestra, lo que más aprendí de ti fue a conocerte. Y eres una mujer de esas que optaron por jugar-al-sol antes que tocar-el-piano, orgullosa de su piel canela y que cuenta con toda mi admiración y mi afecto. Te quiero mucho.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Muchas gracias Chiarita. No sabes lo orgullosa que me siento con esta crónica.
Gracias