25.6.10

Fotos de mi último paseo por la España profunda

El viernes pasado partimos con Javier a Ávila, la única ciudad de España donde hay más iglesias que bares, me dijo. Aunque después reconoció que tampoco podía estar seguro y que quizás sólo era un número de iglesias "casi tan grande" como el de bares.

Hacía una tarde buena, fresca y soleada. Lo más impresionante de la ciudad es la muralla. Esta foto es una de las primeras vistas que tuvimos. Y bueno, otro ícono es la Santa Teresa de Ávila, una a la que parece que se le iba un poco la pinza con esto del misticismo, pero que los hippies del Concilio Vaticano II redescubrieron y la nombraron Doctora de la Iglesia en los 60s. Me acuso de no haber leído ningúna de sus obras... asi que sólo tengo prejuicios.

Pero Ávila is changing sino, que lo diga la diáspora latina, que ya tiene un espacio propio para el disfrute del baile y la música... dentro de la ciudad amurallada, ni más ni menos.


Aquí otra vista externa de la muralla, al atardecer.



Salimos de la ciudad a las 10 de la noche, rumbo a Salamanca. En pleno verano, todavia pudimos disfrutar de la última lúz del día, que se colaba entre las nubes grises que pronto comenzaron a estrujarse en una tromba. Casi a medianoche, llegábamos a la ciudad ya sin lluvia, con la catedral, las iglesias y los puentes iluminados, que daban gusto.



Al día siguiente, una de las primeras imágenes que se nos queda es la de plaza mayor, con sus terracitas.



Después, un paseo por la ciudad es una inyección de barroco a la vena.








Entremedio, la visita a dos espacios llenos de historia, aunque con diversa carga ideológica. Por un lado, nos hemos topado de frente con el edificio del Centro de Documentación para la Memoria Histórica. El antiguo. Todavía es pequeño pero tienen la infografía del edificio nuevo que quedará top. No dejan sacar fotos, asi que he hecho algunas a la mala, como ésta.


Luego, hemos ido al Convento dominico de San Esteban, centro de saber y poder muy importante de la España de fines de la edad media. Nos enteramos de que por aquí pasó Antonio de Nebrija y también Cristobal Colón. Que fueron los dominicos los que le prestaron ropa a sus ideas sobre el viaje a las Indias.




Y tengo un doble déjà vú. Por un lado, recuerdo las clases en la Universidad (15 años atrás?) sobre la labor del dominico Francisco de Vitoria y la llamada Escuela de Salamanca, respecto de sentar las primeras reflexiones sobre derechos humanos "de los diferentes" (¿tienen alma los indios?), en el contexto de los primeros años de la conquista de América. Por otro, me doy cuenta de lo familiar que me resulta la arquitectura del lugar. Y ahí caigo: de los dominicos es también el Convento que visité el año pasado en Oaxaca. Aunque guardan similitudes, me doy cuenta también de las diferencias relacionadas con la geografía y el clima, así como con la fusión cultural que está presente en el Convento oaxaqueño.

Una bonita sorpresa, a la vuelta de la Universidad Pontificia y de la llamada Casa de las Conchas, es mi encuentro con esta librería.





De vuelta en Madrid, el lunes hemos disfrutado de las Noches Bárbaras, un festival de músicos callejeros con el cual el Círculo de Bellas Artes celebra el día de la música. Hemos estado con Concha y Alejandro. Y nos hemos encontrado a Pepe cantando en el coro del Patio Maravillas. Una noche de bicicleteo, baile, conversaciones y unas excelentes vistas de la ciudad, desde la azotea del Círculo.




Y ya para ir cerrando, el miércoles he ido a conocer el huerto urbano que están montando los vecinos del barrio del Pilar, que ya tiene tomatitos, zapallos italianos / calabacines y frutillas / fresas. He conocido sus sistemas de invernadero y de riego.








También he estado en la sede de Radio Almenara, la radio del barrio.



Este fin de semana organizan su festival anual, con bandas musicales y fiesta de amanecida en un parque.



En la misma sede funciona también la Unión de Radios Culturales y Comunitarias de Madrid (URCM).


El último gran paseo ha sido bajando por la Castellana en bici hasta el centro y luego volver por la Complutense y la Dehesa de la Villa, a medianoche. Uy, mi querida Barna, tenemos que retomar nuestro romance, que de allá la cosa está tirando fuerte...

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